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La necesidad de reflexionar sobre la enseñanza y el
aprendizaje
Gabriel Villalón Gálvez
Columnista Invitado
La última semana ha estado marcada
por los anuncios comunicacionales del gobierno referidos a la transformación
que necesita nuestro sistema educacional. Siendo la disminución de horas en los
planes de estudio de Historia, Geografía y Ciencias Sociales y Educación
Tecnológica que mayor discusión ha
generado. A estas alturas son innumerables las muestras de rechazo a la medida
y donde se ha alcanzado tal vez uno de sus puntos más alto fue la protesta
realizada por profesores y estudiantes de pedagogía de Historia, Geografía y
Ciencias Sociales que acompañados por Historiadores realizaron frente a La
Moneda. Aunque por otra parte la problemática de la enseñanza de las
disciplinas en el ámbito escolar no ha sido tema de discusión y el debate se ha
transformado en opiniones más que en reflexiones fundamentadas en el
conocimiento.
Las opiniones han sido lideradas por
el MINEDUC, que en su defensa de la medida ha parecido carecer de un
conocimiento teórico y técnico sobre la enseñanza en general y de mayor manera
en relación con el área. A manera de ejemplo las opiniones del sr. Lavín cuando
continuamente se refiere a la necesidad que los profesores “pasen materia en el
colegio” o con respecto a esta última medida en particular cuando indica
"Voy a aprender más historia si tengo la base de saber leer bien y saber
comprender bien lo que leo", ignorando completamente lo fundamental del
conocimiento social para la formación de una habilidad mayor en el desarrollo
de una persona como es el pensamiento social y crítico. Junto con lo anterior,
esta decisión se hace más grave cuando se olvida una cuestión básica en el desarrollo de la
enseñanza para alcanzar competencias, la cual es considerar la triple dimensión
del contenido, que significa que no sólo enseñamos y se aprenden conceptos,
sino que también procedimientos y actitudes. Debemos tener en consideración que
estos últimos desarrollados desde las Ciencias Sociales aportan
fundamentalmente a la consolidación de habilidades de lecto-escritura como por
ejemplo es el trabajo con fuentes. Quizás si lo vemos desde la política, la
situación puede ser explicable, porque más allá de que el gobierno intente
darse el calificativo del gobierno de los mejores o de los técnicos o de
excelencia, es casi un hecho que el Ministro Lavín desconoce de educación y
mucho más acerca de lo que es enseñanza y aprendizaje, y donde queda en
evidencia que su cargo responde solamente al juego político. También se debe
destacar la defensa que se realiza desde el Ministerio y que se hace aún más
inconsistente cuando escuchamos la opinión de quien debería jugar el papel
técnico y científico la Jefa de la Unidad de Currículum y Evaluación, Loreto
Fontaine,
quien para justificar la medida intentó explicar que la reducción de la carga
horaria en las asignaturas citadas no generarían problemas, ya que se hizo que los contenidos propuesto en los programas
calzaran con la carga horaria del curso, opinión más que sorprendente, ya que
más que desde hace un tiempo en Chile y el mundo entre esos los países de la
OCDE, incluido Finlandia, se intenta por lo menos desde las declaraciones de
los sistema educativos centrar la enseñanza en el aprendizaje o en el
desarrollo de competencias y no en el contenido. Al igual que las declaraciones
del ministro, los dichos de Fontaine no pueden sorprender si se considera que a
comienzos de año validó una práctica educativa, bastante cuestionable, a
propósito del retiro de los nuevos programas surgidos del ajuste curricular
declarando que los profesores no se debían preocupar por no tener el programa
de estudio como apoyo, ya que podían planificar utilizando los textos de
estudio.
Sin intentar equiparar las partes,
MINEDUC y profesores, estudiantes e historiadores, porque las deficiencias de
las declaraciones del MINEDUC muestran la necesidad de repensar el concepto de
excelencia en el gobernar por el cual comunicacionalmente se ha instalado este
gobierno de derecha. La contraparte, representada por Profesores de Historia,
Geografía y Ciencias Sociales, Estudiantes e Historiadores también ha
contribuido a un debate que poco ha tenido de discutir para qué educar, y para
qué enseñar Ciencias Sociales. Es así como se ha levantado primero una defensa
donde la Historia ha monopolizado la discusión, sin casi considerar que en la
escuela se pretende una enseñanza que de una mirada interdisciplinar y ojala
transdiciplinar de la Ciencias Sociales –entendiendo que al interior de éstas
encontramos a la Historia y la Geografía-. Y segundo una discusión en donde la
bandera de lucha la han llevado los historiadores, a los que se agradece, su participación
en la discusión, pero ha significado que la discusión se centre en el contenido
y la necesidad de argumentar porque más Historia en la escuela y no en la
importancia de una mejor enseñanza de la Historia, Geografía y las Ciencias
Sociales, para así realmente saber cómo formar el pensamiento social y ciudadanos.
Por último para finalizar la
contextualización de lo que guiará reflexión, creo que se debe comentar la
columna realizada por el “historiador” Gonzalo Rojas desde su oscura trinchera
de El Mercurio, publicada esta semana y que pese a su pobreza argumental y
anacronismo, nos deja en la obligación de reflexionar la cuestión desde el para
qué enseñar Ciencias Sociales y desde ahí demostrar lo contraproducente de la
medida tomada por el gobierno.
La medida tomada por el MINEDUC, es
muy cuestionable si pensamos en los fines de la educación en la sociedad
actual. Si consideramos, que en Chile en la últimas década se cumplió con
extender la educación para todos a través de la consolidación de la educación
obligatoria. La idea del para qué educar también se debió haber transformado
sobre todo si pensamos en que la escuela sobre todo secundaria, ya no es
necesariamente la instancia que tiene por objeto colocar estudiantes en la
universidad. Este cambio no ajeno a la realidad chilena, se manifiesta en la
masividad del sistema escolar y en nuevas demandas, que hacen finalmente que la
inspiración del sistema educativo se trasladará de un modelo donde se acumula
conocimientos para ingresar a la educación superior, a un currículum que
pretende forma estudiantes que se puedan insertar en la sociedad y sepan
enfrentarse a los problemas que ésta impone. Desde esta lógica se entiende
incluso el muy criticado modelo de aprendizaje por competencias (en boga en
varios países de la OCDE) que si lo releemos y dejamos fuera la mirada más
tecno-empresarial, pretende educar para la vida. Como también sabemos en la realidad no
existen disciplinas, sino que problemas los cuales la mayor de las veces son
sociales, más que matemáticos o lingüísticos (tampoco son necesariamente
históricos). En el mismo sentido si consideramos la educación obligatoria, como
un proceso inclusivo que los podemos definir como educación para todos podemos
decir que esta se hace con el fin o los fines de: La fundamentación de la
democracia; El estímulo al desarrollo de la personalidad del sujeto; La
difusión e incremento del conocimiento y de la cultura en general; La inserción
de los sujetos en el mundo como indica Gimeno Sacristán. Sin duda, si tomamos
en consideración estos argumentos la enseñanza de las Ciencias Sociales
adquiere una importancia fundamental para el desarrollo de cualquier currículum
y muestra lo incorrecto de la medida del MINEDUC.
Cuando la reflexión la acercamos a
la especificidad del por qué y para qué enseñar Ciencias Sociales la
importancia del sector para la formación se releva aún más. Si buscamos en la
Didáctica de las Ciencias Sociales nos encontramos con lo señalado por Pilar
Benejam (1998), que indica que el enseñar Ciencias Sociales sobre todo tiene
como fin el aprender a vivir en y a buscar la consolidación de una sociedad
democrática identificando que enseñamos Historia, Geografía y Ciencias Sociales
para:
-Respetar la dignidad de sí mismo y
de los demás
-Educar en la participación,
-Identificar, comprender y valorar
los rasgos distintivos y plurales de las
comunidades con las que el alumno se identifica,
-La relevancia personal y social del
contexto nos lleva a conservar y valorar la herencia natural y cultural que
hemos recibido como legado.
A esto hay que sumar que el área
aparece como clave para la formación del pensamiento social y crítico. Que
según Santisteban es una de las finalidades más importantes de la enseñanza de
las Ciencias Sociales, ya que ayuda a los niños y niñas a entender mejor su
realidad y a intervenir en ella para mejorarla. Además este autor agrega que el
pensamiento social es un aspecto esencial para el aprendizaje de una cultura
democrática. Para esto, la formación del pensamiento social debe basarse en el
análisis de problemáticas reales cercanas al estudiante, debe ser un
aprendizaje funcional, útil en la vida cotidiana. Esto tiene como objetivo que
el alumnado se encuentre preparado para intervenir en la vida diaria, sea capaz
de solucionar problemas y tomar decisiones (Santisteban, 2009).
Como vemos lo expuesto refuerza la
idea de una formación para insertarse en la sociedad y enfrentar los problemas
que presenta la vida en ésta. En total concordancia con lo que inspira a la
educación obligatoria y al modelo por competencias y como vemos a continuación
con los fines del currículum chileno para todo el proceso de formación del
alumnado:
-Un Currículum para la vida,
orientado al desarrollo de competencias que son relevantes para el desenvolvimiento
personal, social y laboral de los sujetos en la sociedad actual.
-Aprendizajes orientados hacia el
desarrollo de competencias, entendidas como sistemas de acción complejos, que
interrelacionan habilidades, conocimientos, motivaciones, orientaciones
valóricas, actitudes, emociones, que en conjunto se movilizan para una acción
efectiva en determinados contextos.
-Aprendizajes que buscan contribuir
simultáneamente a los propósitos del desarrollo personal pleno, libre y
creativo, y del desarrollo equitativo, sustentable y eficiente del país.
-Aprendizajes que promueven la
formación ciudadana de los alumnos y alumnas para que participen activamente de
la sociedad democrática.
-Aprendizajes que apoyan la
inserción de los alumnos y alumnas en un mundo globalizado, de modo
complementario al reforzamiento de la identidad nacional.
Si cruzamos las evidencias expuestas
podemos observar lo inexplicable de la medida del MINEDUC. Y cabe reflexionar
en que al parecer debemos enfrentar el problema no en relación a si hay más o
menos horas, sino en el para qué. Desde ese para qué la resolución del MINEDUC
parece claramente inválida y contraria incluso a paradigmas en los cuales dice
el gobierno sostenerse para tomar estas decisiones.
Finalmente y sin querer desconocer
el aporte que pueden hacer las otras ciencias como la Historia o la Geografía,
nuestra reflexión muestra lo importante de que en nuestro país comencemos a
pensar desde los ámbitos específicos de la enseñanza y aprendizaje de las
disciplinas o sea lo que se presenta frente a problemas como el que nos aqueja
es el de la urgencia de las Didácticas específicas en el país, no sólo por las
Ciencias Sociales sino que también porque nos falta la opinión de ese otro que
nos diga si por ir más a la biblioteca se aprende más Lenguaje o si por hacer
más ejercicio se aprende más matemáticas.
El autor es Profesor de Historia, Universidad
Metropolitana de Ciencias de la Educación UMCE- Chile, Máster en Historia del
Mundo Hispánico Universitat de Jaume I y estudiante de Màster de Recerca en
didàctica de las ciències socials, la geografía, la historia i l' art -Universitat
Autònoma de Barcelona
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