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La culpa es de Obama PDF Imprimir E-Mail

Breve análisis de la derrota Demócrata, Noviembre de 2010

Cristián Doña Reveco

Columnista Invitado

 

No me tomen a mal, por principios soy ideológicamente más cercano a Obama y al partido Demócrata que a los Republicanos y si hubiera podido votar en el 2008 habría votado por él, así como en esta última elección hubiera votado Demócrata. Creo, sin embargo que la derrota sufrida por el “oficialismo” el martes 2 de noviembre claramente recae en Obama y su equipo y en menor medida es un triunfo Republicano, con ciertos tonos estructurales. Esta es una derrota a un gobierno que nunca se acordó de sus electores y por tanto se convirtió en más de lo mismo; que no supo leer el juego político, lo que fue claramente aprovechado por la oposición; y que no supo diferenciar entre el pasado y el presente. Este resultado abre numerosos posibles escenarios políticos para los próximos dos años, durante las elecciones del 2012 y para los siguientes 8 y más años. Considerando que éste es aún el país más poderoso del mundo es importante analizar las que a mi entender son las claves de la derrota y sus consecuencias. También es importante considerar el papel que juega el voto voluntario en este escenario para considerar las posibles consecuencias de su aplicación en Chile.

 

La victoria demócrata en las elecciones parlamentarias del 2006 y del 2008 se dan en un contexto de una administración bastante agotada, que ha estado lidiando por legitimarse más allá de la narrativa del miedo al terrorismo y con la salida del gobierno de algunos de los estrategas más importantes como Karl Rove en el 2007. Sin embargo, al analizar los resultados parlamentarios de las últimas dos décadas se puede observar una clara tendencia conservadora en los Estados Unidos y que el triunfo en el 2006 y 2008 es bastante coyuntural y se debe a la capacidad que tuvo Obama y su equipo en movilizar votantes que antes no había participado debido a una decepción con la política partidista en general, y en particular con la política eleccionaria[1]. Luego de casi 40 años de mayoría demócrata en la Cámara de Representantes, el año 1994 el Partido Republicano toma control de ésta ganando 54 asientos (ya había ganado otros 9 en 1992). Pese a sucesivas pero pequeñas recuperaciones demócratas, este control se va a mantener por doce años. En este contexto el paréntesis demócrata de los últimos cuatro años es más bien una excepción que requerirá de gran trabajo a nivel de bases para que se vuelva a repetir.

En términos estructurales el electorado estadounidense está tendiendo hacia posiciones conservadoras por a lo menos dos razones claramente ligadas. En primer lugar la población blanca de los Estados Unidos, que están altamente representados entre los votantes, está envejeciendo lo que normalmente se asocia significativamente con votaciones más conservadoras. Coincidentemente con esto, el voto voluntario en este país está altamente influenciado por el tipo de sociedad, de acceso a la educación y de clase. Entre quienes votan hay una sobrerrepresentación de personas con ingresos superiores a los cien mil dólares anuales, blancos y con educación terciaria, población que es la que está envejeciendo. Durante los últimos dos procesos eleccionarios ha habido denuncias relacionadas con grupos que trataban de desinformar a posibles votantes negros y de menores ingresos para evitar que accedieran a las urnas, considerando que su voto era muy probablemente pro demócrata. Como ejemplo puedo mencionar que en al menos un juzgado del Estado de Michigan se propuso cancelar el registro a los votantes que hubieran sufrido del embargo de su casa, ya que al no tener domicilio no podía acreditar que efectivamente vivieran en la zona y por tanto su derecho a votar debería ser suspendido.

Este es uno de los grandes problemas asociados con el voto voluntario en este país y que fácilmente puede suceder en Chile. Los posibles votantes no ejercen su derecho a votar no como una crítica al sistema político en sí, sino porque su derecho es negativamente influenciado por grupos conservadores que consideran sólo algunos están capacitados para elegir.

Asumo que las falencias estructurales del sistema electoral estadounidenses eran y son conocidas por Obama y su equipo, por lo tanto no pueden ser consideradas como causantes directas de la derrota. Como planteo más arriba esta derrota se centra en la relación entre Obama y las fuerzas políticas que logró movilizar para su elección del año 2008. Obama no resultó elegido por un cambio radical en la relación de fuerzas entre republicanos y demócratas, sino fundamentalmente porque fue capaz de encantar a grupos que había dejado de participar en política; jóvenes y minorías. La inclusión de cinco millones de nuevos votantes, más la siempre móvil votación del centro político fue la que decidió la elección hacia el Partido Demócrata, que ganó la Presidencia, el Senado y la Cámara de Representantes. Hay que hacer una aclaración parentética; en términos de representantes entre las elecciones de 1996 y de 2006 el Partido Demócrata tuvo una ganancia neta de 37 representantes, lo que si bien le dio el control de la Cámara es menor en 17 representantes a lo obtenido por los Republicanos en 1994. Lo que consolida el control de la Cámara son los 21 representantes Demócratas “arrastrados” por la elección de Obama. Volviendo a los nuevos votantes, estos fueron seducidos por la posibilidad de cambiar el eje de la discusión desde el terrorismo a temas como una reforma de salud, mayores derechos (reales o imaginarios) para las minorías, una crítica a la forma de enfrentar la crisis económica del 2007, una reforma a las leyes migratorias, mayores derechos a las minorías sexuales, entre otras.

El que la política cotidiana, o por lo menos a nivel parlamentario, de los últimos dos años se haya centrado mayoritariamente en discusiones sobre la reforma a la salud y los proyectos de recuperación económica alienó a los nuevos votantes. Estos esperaban un cambio radical de la estructura de funcionamiento de los procesos de negociación parlamentaria, sobre todo cuando con la mayoría que tenían los demócratas no les resultaba necesario negociar. Sin embargo esto no sucedió. Los demócratas se enfrascaron en discusiones internas (y bastante cortoplacistas) que defraudaron al electorado. Al mismo tiempo, políticas clave para los nuevos electores y que habían sido componentes importantes de la campaña, como la reforma migratoria, el fin de la cárcel de Guantánamo y la revocatoria a la política de “don't ask, don't tell”, no fueron consideradas por el parlamento. El caso más emblemático es el de “don't ask, don't tell”; pese a haber sido considerada como inconstitucional por una Corte Federal, los abogados del gobierno contrademandaron llevando el juicio a una corte superior, la cual el mismo día de las elecciones fue definida como legal posibilitando su continuación. El fracaso de estas iniciativas emblemáticas llevó a que un número importante de electores no participara en las últimas elecciones parlamentarias facilitando el triunfo republicano.

Una segunda razón del fracaso de los demócratas en esta elección es la incapacidad de Obama de leer el juego político. Esto quedo claramente demostrado en dos de los proyectos emblemáticos de la actual administración; la reforma al sistema de salud y los asociados con la reconstrucción del país luego de la crisis. En una extraña mezcla de inocencia, capricho personal y arrogancia el gobierno se empantanó en la posibilidad de crear una reforma comprehensiva a la salud, lo cual fue duramente criticado por la oposición. Obama negoció directamente con los legisladores demócratas y republicanos, cediendo y despojando de la reforma gran parte de los aspectos que la hacían un cambio real del sistema; como lo es la llamada “opción publica”. Luego de empantanar al gobierno en este debate por casi un año y de pedir múltiples concesiones los legisladores republicados casi unánimemente rechazaron la medida, la cual pasó por el parlamento con el mínimo posible de votos. Éste fue un verdadero regalo para la oposición, la que lo uso para criticar duramente al gobierno durante el actual proceso eleccionario, sosteniendo que Obama y su equipo nunca tuvieron la intención de negociar y de querer pasar una ley apoyada sólo por los demócratas. En este país, en que la noción de “checks and balances” a nivel de gobierno es un dogma político, esta publicidad (claramente engañosa) de los republicanos les sirvió para demostrar la necesidad de contener al ejecutivo por medio del control del parlamento.

Acá los republicanos leyeron mucho mejor el juego político. No solo trabaron la aplicación de un programa clave del Obama, considerado por él como su legado político, sino además al ganar las elecciones han puesto en peligro la posible herencia de Obama mientras aún está en el gobierno. Los resultados obtenidos por la oposición les permite intentar retractar la ley o por lo menos cambiarla tanto que tenga casi nada de la ley original. Con esto uno de los logros más claros del gobierno de Obama es desechado limitando, como explicare más adelante, incluso la posibilidad de su reelección.

Una tercera razón del fracaso de los demócratas posible de argumentar tiene con ver con la imposibilidad de separar el pasado del presente. Esta está asociada con otro de los proyectos emblemáticos de Obama; la reconstrucción de la economía luego de la crisis del 2007. Si bien este caso se puede explicar por la disociación con su electorado y por la poca claridad en leer el juego político, las razones particulares tienen que ver más con el eje continuidad-ruptura del estado y del gobierno. Pocas personas con algún grado de educación dudan que el estado catastrófico actual de las finanzas estatales es culpa del gobierno de G. W. Bush. El dato más simple es que Clinton entrego el gobierno con un superávit cercano al 2,4% del PIB (230 mil millones de dólares de 1999) y Bush lo hizo con un déficit estimado de un 10% del PIB (1,4 trillones de dólares de 2008). Pese a la simpleza de este dato, en su publicidad política ni Obama ni los demócratas fueron capaces de romper con el gobierno de Bush y declarar fehacientemente que la culpa es del gobierno anterior. Esto fue magistralmente utilizado por los republicanos, quienes culparon de todo el actual déficit a las malas políticas públicas votadas por la Cámara de Representantes y aplicados por Obama, partiendo por el TARP (Trouble Assests Relief Program) y el American Recovery and Reinvestment Act of 2009, entre otros. Argumentos similares se pueden hacer con relación a la continuación de la guerra y a otros programas y procesos iniciados durante el gobierno de Bush y de cuyos fracasos fueron culpados los demócratas.

En conclusión, el fracaso demócrata en las elecciones del 2 de noviembre se debió como mínimo a estas tres circunstancias las que fueron brillantemente aprovechadas por quienes diseñaron la campaña republicana a esas elecciones. Esto da pie para pensar en los siguientes posibles escenarios políticos:

 

- Considerando que uno de los grupos que más perdió representantes durante esta elección fueron los “Blue Democrats” (Demócratas conservadores) se prevé una polarización de la Cámara lo que reduce el trabajo parlamentario al mínimo debido a que no hay posibilidad de acuerdos. Esto beneficia al “Tea Party Movement” quien los usa para seguir criticando el establishment y conseguir más poder dentro del partido republicano o surgir como alternativa para quebrar el bipartidismo.

- Tomando como premisa el secreto a voces, que a mas de algún dirigente republicano se le ha escapado, que querer limitar a Obama a un solo mandato la Cámara le niega “la sal y el agua” al gobierno. Esto es bastante plausible, ya que solo debe preocuparse de esto durante un año. El nuevo Congreso asume en enero de 2011 y las primarias comienzan en febrero de 2012. Se le culpa al gobierno de no querer negociar con la mayoría (como ya se hizo cuando eran minoría) y se enlentece el trabajo parlamentario. Los parlamentarios demócratas se alejan de Obama (como ya muchos lo hicieron en esta campaña) y proponen un nuevo candidato o aceptan perder las elecciones presidenciales para mantener sus cupos.

- Obama logra repuntar y demostrar los éxitos de su gobierno, junto con la recuperación económica que ya se empieza a notar y logra llegar a la reelección y gana. En el caso más extremo, y propiciado por representantes de sectores ultra conservadores, se demanda legalmente al presidente a partir de la teoría (conspirativa por cierto) que Obama no es nacido en los Estados Unidos y por tanto su gobierno es ilegal. Esta teoría ha sido mencionada por personajes como Rush Limbaugh en sus programas radiales de pasarla como una posible verdad. Si bien no creo posible que ganen esta pelea, esta estrategia ya se uso con muy buenos resultados para los republicanos durante el gobierno de Clinton y todo el juicio por conductas “moralmente reprochables” de este presidente.

- El triunfo emborracha a los republicanos quienes no son capaces de controlar al Tea Party Movement y estos se deslindan del programa republicano llevando sus propios candidatos, posibilitando la dispersión de votos y el triunfo demócrata en las próximas elecciones.

 

El autor es sociólogo (U. de Chile), máster en Ciencia Política (PUC-Chile), máster en Sociología (Michigan State University) y Doctor(c) en Sociología e Historia (Michigan State University). Su tema de investigación se relaciona con las intersecciones entre historia y biografías en los procesos migratorios desde el Cono Sur de América a los EE.UU. También desarrolla investigaciones sobre el uso pedagógico del cine en la enseñanza de la sociología y la historia.



[1] En los EE.UU. hay elecciones generales o especiales de parlamentarios cada dos años y por temas particulares (dependiendo de la ciudad, condado o estado) casi cada año. La publicidad (o propaganda) electoral es particularmente violenta hacia el oponente, cargada de medias verdades y de descalificaciones lo que desincentiva a muchos posibles votantes.

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