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Implicancias de la Reforma de Salud: ¿Cuánto Estado? ¿Cuánto Mercado? Un viejo debate. PDF Imprimir E-Mail

Cecilia Bustos Ibarra

Columnista Invitada

La polémica sobre la dirección  y los alcances de una nueva reforma al Sistema de Salud en Chile  vuelve a captar la atención de la opinión pública y genera la expectación de los  diversos  actores involucrados tras la recepción del Informe de la Comisión Presidencial de Salud[1], que cumpliendo el mandado encomendado elaboró una serie de propuestas que fueron entregadas al Presidente Piñera en el mes de Diciembre de 2010.

El contenido del Informe abarca  diversos temas: el reemplazo del actual Subsidio por Incapacidad Laboral o Licencias Médicas  por un  Seguro por Incapacidad Temporal, un segundo grupo de propuestas que apuntan a la prestación de servicios en el sistema público de salud (funcionamiento,  financiamiento y autonomía de los hospitales, modelos de gestión,  integración en red con la atención primaria), en tercer lugar recomendaciones  en el área de medicina preventiva específicamente la creación de una Garantía Explícita en Salud que incluya un examen preventivo para adultos y asignar presupuestos específicos a acciones de salud públicas dirigidas a problemas específicos; una propuesta para modificar el Funcionamiento del Seguro de Accidentes del Trabajo y Enfermedades Profesionales y finalmente una propuesta de Financiamiento del Sistema de Salud.



[1] Comisión integrada por 13 miembros y que ha sido conocida como “Comisión Illanes” en referencia a Juan Pablo Illanes que ha cumplido el rol de coordinación. La composición de dicha comisión ha sido criticada por diversos actores por su carácter sesgado. (Ver declaración Pública  ALAMES-Chile, Asociación Latinoamericana de Medicina Social-Chile) Como antecedente 3 de los miembros se desempeñaron como Superintendente de Isapres.

 

Cada una de estas áreas requiere ser analizada en particular para valorar la pertinencia, el alcance y los posibles efectos de las propuestas. Sin embargo, en este trabajo nos centraremos en el análisis de la propuesta de Reforma con respecto al  Financiamiento del Sistema de Salud. Comenzaremos por revisar los elementos que contiene esta propuesta.

En primer lugar, se propone la creación  de  un Plan Universal de Seguridad Social en Salud, que opere como una canasta básica de prestaciones en salud que el Estado chileno se compromete a garantizar para todos sus ciudadanos/as  (que será valorada económicamente y revisada periódicamente por una comisión de expertos, considerando criterios técnicos, epidemiológicos y económicos) y a establecer una prima per cápita como mecanismo de aporte fiscal para financiar el plan de salud en forma parcial o total (dependiendo de si las personas son o no cotizantes y puedan o no cubrir el costo del plan). Este plan de salud es igual para todos los chilenos/as, es decir, cotizantes y no cotizantes (la comisión propone que la cotización de salud se fije en el 6% de los ingresos).  Se plantea además que las personas puedan elegir entre la modalidad de atención en la red pública de consultorios y hospitales públicos o en las clínicas y centros de atención privados.

El plan tendría dos niveles de cobertura: la primera gratuita, es decir, sin co-pagos para todas aquellas personas  sin cotizaciones, indigentes o con rentas inferiores a un mínimo establecido, y las prestaciones serían otorgadas por la red pública (como la Fonasa Modalidad Institucional)  y la segunda con co-pagos, obligatoria para aquellas personas con ingresos superiores al mínimo establecido (como la actual Modalidad Fonasa Libre Elección y como la atención en Isapres).

En relación a esta propuesta de “Plan Universal” nos parece necesario hacer algunas precisiones. Primero afirmar que en realidad este plan ya existe, en la actualidad el FONASA  cuenta con un Plan Abierto (es decir, que no se restringe a un listado de enfermedades o prestaciones) pero que tiene algunos problemas de salud “priorizados” que conforman el Sistema de Garantías en Salud GES y que tienen obligatoriedad también para las  ISAPRES.   Aunque existe cierto consenso internacional sobre las ventajas de la definición de estas canastas básicas de prestaciones, necesariamente implican pasar de un plan abierto a un plan cerrado, esto es de una concepción amplia del derecho a la salud a concepciones limitadas a un listado de prestaciones con un fuerte énfasis en lo curativo.

Probablemente  la intención de explicitarlo  y establecer un mecanismo de revisión, se relacione más bien con evitar la judicialización del sistema  cuestión que actualmente afecta mayoritariamente a las ISAPRES, debido el aumento progresivo de requerimientos presentados ante el Tribunal Constitucional a partir del año 2008[1] , situación que se ha agudizado desde que fuera conocida en agosto recién pasado la sentencia de este  Tribunal sobre la constitucionalidad del artículo 38  tercero de la Ley de Isapres[2], que permitía a estas instituciones aplicar alzas por la llamada tabla de factores, es decir, permitía subir los precios de los planes de salud  a sus afiliados en función del sexo y la edad en perjuicio de las mujeres, los niños/as y los  adultos mayores.  El fallo ha declarado inconstitucional dicha norma, generando un clima de incertidumbre entre las Isapres e interpelando al rol regulador de la política pública en este sentido, por lo cual existe una importante presión a legislar a este respecto.

Otro elemento importante que se debe considerar, en relación a la composición de dicho plan, es que  creemos que debe construirse bajo la lógica de la salud y no de la lógica de la enfermedad, esto es que debe incluir acciones de carácter preventivo y promocional, que permitan cuidar y mantener la salud, más que limitarse sólo a un listado de enfermedades; por lo que, será importante entonces velar por que la composición de esta canasta tenga énfasis en la prevención y promoción de la salud y en la Atención Primaria de Salud.

Respecto de los mecanismos para Financiar el Plan Universal, la comisión no logró un acuerdo por lo que presentó las siguientes 2 opciones:

A) Creación de un Fondo de Compensación de Riesgos (Financiado con cotización y aporte fiscal)  La mayoría de  los integrantes [3]  fueron partidarios de  crear un fondo de compensación de riesgo, que se financia con las cotizaciones obligatorias de salud y los subsidios que el Estado destine a través de una prima per cápita. El fondo se distribuiría entre las diversas entidades de seguridad social, privadas o públicas, según las nóminas de sus afiliados y el riesgo de sus beneficiarios/as de acuerdo con su sexo y edad. Así, las personas con mayores recursos y las de menor nivel de riesgo cuya cotización sea superior al precio de su plan de salud, contribuirían a pagar el plan de aquellos con menos ingresos  y más riesgos (adultos mayores, mujeres en edad fértil, enfermos crónicos, etc.). Además se propone la  transformación del sistema de seguros de salud chileno para crear las entidades de la seguridad social en salud (ESSS),  en reemplazo de las Isapres y al Fonasa, encargadas de  gestionar el financiamiento del plan. Se plantea además la posibilidad de que estas ESSS tengan un giro exclusivo para otorgar el Plan Universal en Salud o que puedan comercializar también seguros adicionales voluntarios financiados con cotizaciones complementarias a la cotización obligatoria.

B)  Subsidio del Estado directo a las personas. (Financiado con cotización y subsidio directo a las personas) Propuesta de Minoría.[4]  Donde el plan se financia con la cotización individual y si ésta no alcanza para cubrir el valor del plan, el Estado cubre la diferencia, según el nivel de ingreso y riesgo asociado por edad y sexo. Ese aporte sería mayor para quienes tengan sueldos más bajos, grupos familiares más grandes o con riesgos más altos. La compra del plan puede hacerla en el sistema público y privado. Además si la persona cotiza más de lo que cuesta el plan, podría acumular el excedente en una cuenta de ahorro para la salud, para usarla en la vejez o para contratar un plan familiar que incorpore a otros miembros del hogar, como padres e hijos, o bien, suscribir seguros complementarios, entre otras posibilidades.

Para comenzar nuestro análisis, parece útil revisar algunos antecedentes previos:

1º.- El actual Sistema de Salud Chileno es un sistema de aseguramiento mixto,  compuesto  por varios sistemas (Fonasa, Isapres, Fuerzas Armadas y Mutuales); sin embargo, de manera general se habla de 2 subsistemas, el público y el privado  construidos sobre bases filosóficas diferentes: el público administrado por FONASA que atiende al 80% de la población y  el privado administrado por las ISAPRES que atienden al 15% de la población. Esta dualidad genera profundas desigualdades en el acceso a los servicios de salud.  Chile destina un 7% del PIB al Gasto en Salud, de éste sólo un 3,3% se destina a atender a los afiliados al Fonasa que concentra la población con menores ingresos y mayores necesidades de salud.

2º.- Durante la Reforma Sanitaria realizada en el Gobierno de Bachelet, una de las propuestas iniciales más relevantes fue la creación de un “Fondo de Solidario Universal” para aumentar la solidaridad del sistema en cuanto al financiamiento. Sin embargo, esta iniciativa se quedó en el nivel de propuesta, puesto que en  el proceso de negociación en el 2004 se abandonó por falta de consenso y voluntad política; y de alguna forma se “sacrificó” en pos de la aprobación de otros componentes de la Reforma  como el  Plan AUGE hoy conocido como Sistemas de Garantías GES.

3º.- La actual propuesta de reforma, no cuestiona la mantención del sistema mixto (no es una reforma integral, ni radical que pretenda la creación de un Sistema Nacional de Salud ni tampoco plantea la privatización total del sistema). Entonces  ¿Qué se discute? ¿Qué implicancias tiene la aprobación de una u otra propuesta para la financiación del plan de salud?  Como es sabido, los Sistemas de Salud de cada país tiene que cumplir 4 funciones básicas: la financiación, la regulación, la provisión de servicios y la gestión.  Esta propuesta de reforma busca responder a ¿cómo financiamos el sistema de salud? Y el espectro de posibilidades va desde un sistema puramente liberal (donde el financiamiento se realiza a través del pago por acto), pasando por un sistema de financiamiento de seguros voluntarios (donde se paga una prima en función del riesgo) y  luego por un sistema de seguros social  obligatorios (donde el sistema se financia con un porcentaje del ingreso) hasta el servicio nacional de salud, es decir, un sistema público y universal (que  se financia con impuestos generales). La propuesta de reforma presentada se enmarca dentro de la mantención del sistema de financiamiento mixto, es decir, apunta a mantener un sistema financiado a través de cotizaciones y aportes del Estado. Sin embargo, dentro de este marco como sabemos sigue existiendo un importante margen de actuación para los intereses de los distintos actores involucrados y demás está decir que las decisiones que se toman en este margen tendrán efectos tremendamente relevantes para el acceso a la salud de los chilenos/as.  A nuestro juicio el debate actual se relaciona con los mecanismos para mantener los equilibrios en la participación del subsistema público y privado. Es decir, ¿cuánto Estado? ¿Cuánto mercado?  Evidentemente la elección de una u otra de las propuestas tendrá efectos en la participación del sector privado en el mercado de los seguros. En este sentido la decisión política sobre qué camino queremos seguir, puede tener varias opciones que de manera muy simple podríamos resumir en 3 tendencias:

·         Fortalecer el seguro público, que no ha sido propuesto por la comisión y que previsiblemente implicaría una profundización de la tendencia de traspaso de los afiliados de las ISAPRES al FONASA. Un cambio más profundo en cuanto a mejorar la solidaridad del sistema requeriría otro tipo de reformas, puesto dada la evidencia científica existente y la experiencia internacional, como hemos dicho se ha demostrado que existen otros mecanismos más equitativos y solidarios para financiar un sistema de salud como vía impuestos generales. Sin embargo, reconocemos que es políticamente ingenuo pensar que los cambios vayan en este sentido en el contexto actual (Más aún cuando durante los Gobiernos de la Concertación la tendencia principal fue a aumentar la regulación en el funcionamiento de las ISAPRES, pero básicamente manteniendo las cuotas de participación).

·         Fortalecer los seguros privados, es decir, favorecer el crecimiento de los seguros privados individuales (propuesta de minoría). Tras el argumento de “avanzar hacia un sistema de salud que busque una convergencia gradual de ambos sectores” creemos que la opción del subsidio directo a las personas, busca  generar las condiciones para que se pueda ampliar la participación privada bajo el argumento de la defensa del principio de “libre elección” y de “sociedad de oportunidades”, puesto que lo está detrás de la discusión son justamente los intereses de  los actores privados para la ampliación del mercado de los seguros individuales, es decir para profundizar la mercantilización de la salud.

·         Mantener  participación del FONASA y las ISAPRES a través del sistema de compensación de riesgos (propuesta de mayoría). Consideramos que la  propuesta  de creación de un Fondo Solidario de Compensación de Riesgos es la propuesta más solidaria de las dos que se presentaron.  Sin embargo, tal  como está planteada implica también una nueva “oportunidad de negocio para los privados” puesto que se propone  que sean “Entidades Privadas” que manejen (es decir que administren y lucren) las cotizaciones de todos los trabajadores/as, a los cuales además el Estado le agrega un subsidio (fondo solidario) y ellos a su vez “contratan” a las redes.  Es decir estas nuevas entidades privadas ESSS serían intermediarias de la totalidad de los recursos de salud. Esto implicaría mantener y ampliar la privatización estructural del sistema de protección social.

4º.-Sin duda, como todo proceso de reforma y elaboración de política social, los resultados dependerán de  la negociación política de los intereses en juego. El rol regulador del Estado es vital puesto que se sabe que las reglas del mercado NO funcionan bien en el caso de la salud (fallos del mercado sanitario), sin embargo el negocio de los seguros privados es tan rentable que los actores privados -cuyos intereses lamentablemente no pocas veces son mejor defendidos por los actores políticos  que los intereses ciudadanos/as-  se resisten a perder cualquier “oportunidad de negocio”.

Desde nuestra perspectiva lo importante es que en este proceso prevalezca la defensa de la salud como derecho - que obviamente tiene un costo, pero que debemos dejar fuera de precio-  y que exista el  espacio para un real debate ciudadano sobre la solidaridad del sistema de financiamiento v/s la lógica neoliberal de  los seguros privados individuales.

La autora es Trabajadora Social y Docente de la Universidad de Concepción. Magíster en Trabajo Social y Política Social, Universidad de Concepción. Máster en Salud Pública y Gestión Sanitaria, Escuela Andaluza de la Salud Pública Universidad de Granada. Estudiante Doctorado en Sociología, Universidad Autónoma de Barcelona.



[1] Sentencia Rol 976 del 26.06.2008. Requerimiento de inaplicabilidad deducido por Silvia Peña Wasaff respecto del artículo 38 ter de la Ley Nº 18.933, conocida como Ley de Isapres, en recurso de protección contra Isapre ING Salud S.A., Rol de Ingreso Nº 4972-2007,de la Corte de Apelaciones de Santiago.

[2] Sentencia Rol 1710 del 06.08.2010. Proceso iniciado de oficio para decidir sobre la constitucionalidad del artículo 38 ter de la Ley de Isapres y cuya sentencia se publicó en el Diario Oficial el 9 de agosto de 2010

[3] Ocho de trece.(Dentro de los que se encuentran Fabio Valdés, amigo personal del Presidente; Andrés Tagle, asesor de gobierno y  cinco expertos vinculados a la Concertación)

[4]  Cinco de trece (Dentro de los cuales está el coordinador de la comisión Juan Pablo Illanes, Rodrigo Castro, Decano de Economía de la U. del Desarrollo y asesor del gobierno, y Rafael Caviedes, director ejecutivo de la Asociación de Isapres, entre otros)

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