A pesar de su muy antigua invención, la forma de gobierno llamada
democracia en Atenas o república en Roma se demoró decenas de siglos en
imponerse como un modelo cuasi universal. Sin ser la primera de las
repúblicas, la República francesa parece haber sido sin embargo el ejemplo que
fundó las democracias representativas modernas.
La Primera República duró poco
(1792-1799), ya que no convenía a los intereses permanentes de los banqueros
suizos que financiaron la revolución de 1789: captar una parte del poder
político y controlar desde allí los procesos económicos. Acabó en el Imperio de Bonaparte, y
éste en el restablecimiento de la monarquía plurisecular. La Segunda
República duró aún menos (1848-1851), y asustó tanto a los aristócratas y a los
burgueses que se prometieron nunca más dejar que el pueblo se envalentonase al
punto de querer gobernar. La Tercera República nació del desastre militar de la
guerra franco-prusiana en 1870 y del aplastamiento de la Comuna de París y con
ese crimen cambió de naturaleza: quienes fundaron ese régimen (1871-1945)
admitieron que la república no era necesariamente el gobierno del populacho,
sino que podía ser también el mejor de los modelos políticos para los negocios.
Los monarquistas franceses —a veces mano a mano con los fascistas de la época—
creían aún en 1940 que la monarquía era el mejor modelo de gobierno;
desafortunadamente, buena parte de ellos aplaudieron a la ocupación de Francia
por los soldados de Hitler y al gobierno de colaboración del mariscal Pétain. Los
resistentes (de todos los colores políticos, pero con una mayoría de izquierda)
agrupados en torno al general de Gaulle llegaron a la cabeza del país al final
de la guerra, y en 1945 de Gaulle, un aristócrata, garantiza el nacimiento —mediante
una Asamblea Constituyente y un referéndum— de la Cuarta República (1946-1958)
y más tarde de la Quinta (1958- ). Más allá de las peripecias que
hicieron que Francia se dotó de una nueva Constitución apenas doce años después
de promulgada la de 1946, el hecho político fundamental que apareció
inmediatamente después de la Segunda Guerra mundial y que sigue vigente en
Francia hasta hoy es lo que se podría llamar un Pacto Republicano.
La pugna de ideas, de clases, de intereses que cubrían los términos de
monarquía y república pasaron a ser la pugna entre la derecha heredera de los
monárquicos, de los bonapartistas (partidarios de Napoleón III, “su poquedad”
como lo llamaba Victor Hugo) y de la derecha republicana fundada en el XIX por
Thiers, por un lado, y la izquierda heredera de los republicanos de 1789, de
1948 y de la Comuna de París de 1870, por el otro. En 1946, después de haber
luchado juntos durante la guerra (los colaboracionistas desaparecieron por así
decir del mapa político), esa derecha y la izquierda francesas pactaron lo que
habría de formar el zócalo común de intereses de todas las partes, en materia
de instituciones, de educación (obligatoria, laica y gratuita — y libre, es
decir permitiendo la existencia en paralelo de la escuela privada) y de
protección social y salud (creación de la Seguridad Social, del sistema público
de pensiones, de las redes de la Asistencia pública — hospitales, clínicas,
etc.).
En el mes de abril de 2007, entre las dos vueltas de la elección presidencial
francesa en la cual se enfrentaban Nicolas Sarkozy y Ségolène Royal, estuve
cenando en casa de un gran banquero parisino. Uno de sus asociados —un señor ya
de mucha edad— me preguntó de repente qué pensaba yo, como extranjero, de estas
elecciones. Le respondí que me parecían elecciones de lujo, y que las
diferencias políticas y, por ende, programáticas entre los candidatos, eran
claramente diferencias de matices: un poco más de recursos para la Seguridad
Social o para la Educación superior, o un poco menos; un poco más de impuestos
para los más ricos o un poco menos, etc. Porque todo se da, en Francia, en el
marco de una democracia madura, seria, en la cual los principales partidos han
precisado desde hace más de sesenta años lo que entendían todos ser el interés
común, el interés general. Lo que se puede definir como un Pacto Republicano.
¿Cómo hacer entender el valor de ese lujo? Explicando, por comparación, la
situación política y social chilena, no tan diferente, en fin de cuentas, en
materia de participación popular, de democracia, de representatividad, a lo que
había sido el Chile de los gobiernos oligárquicos coloniales. El sueño de ser
un país de verdad, un país moderno y no arcaico, duró de Portales a Allende. Se
transformó en pesadilla con los militares, y en grisácea caricatura con la
Concertación.
El proyecto revolucionario de la izquierda hoy, de la izquierda democrática y
plural a la chilena, es llegar a ese punto, fomentar ese consenso político, ese
Pacto republicano que sirva de base a una convivencia realmente apaciguada. No
es el proyecto ni de Piñera, ni de Enriquez-Ominami, ni de Frei —ni el de todos
sus seguidores.
Es el proyecto de Arrate. Es el proyecto del Partido de Izquierda de Chile.
El autor es Presidente de la seccion del Partido Socialista Chileno en Francia
Comenzamos el año 2012 con un nuevo ejemplar de nuestra revista Discusiones Públicas. La cual es una publicación que busca colocar temas de contingencia sobre políticas públicas, desde una lógica académica y de investigación aplicada, en la opinión pública. Mediante un riguroso proceso de selección, las páginas de Discusiones Públicas contienen artículos y ensayos publicados en los últimos meses en formato electrónico, así como también un dossier especial sobre becas de formación de postgrado en el extranjero.
A partir de este número la revista pasa de ser anual a semestral. Reiteramos la invitación que hemos hecho a toda la comunidad científica a que sigan enviándonos sus trabajos.
Discusiones Públicas, es una revista semestral que busca colocar temas de contingencia, desde una lógica académica y de investigación aplicada, en la opinión pública. Mediante un riguroso proceso de selección de artículos y ensayos.
Nace en Ignire, Centro de estudios dedicado a la acción del Estado, en su concepción más amplia, desarrollando estudios e investigaciones tendientes al enriquecimiento de la discusión en el proceso de toma de decisiones de políticas públicas, siendo un espacio de reflexión y aplicación de sus investigaciones. Ignire aspira a desarrollar lineamentos de políticas públicas que sean socialmente más justos, orientados hacia una sociedad globalizada, que demanda de sus gobernantes procesos de toma de decisiones que consideren los contextos sociales particulares de nuestros tiempos y que establezcan un compromiso social hacia el desarrollo de políticas públicas más justas.
En ese sentido, la Revista Discusiones Públicas, tiene una clara visión transdisciplinaria, abordando temas desde ópticas diferentes, buscando diagnósticos y propuestas cada vez más integradas. Discusiones Públicas, apunta a la publicación de trabajos inéditos de investigación aplicada y discusión jurídica sobre políticas públicas. Su objetivo es crear discusión sobre las políticas públicas, implementadas o por implementar, sus posibles efectos y como estos influyen en el desarrollo y bienestar del país, teniendo en cuenta los aspectos constitutivos de la discusión jurídica sobre ellas.
Con mucho orgullo les queremos comunicar que hemos publicado el segundo número de nuestra revista anual Discusiones Públicas. La cual es una publicación que busca colocar temas de contingencia sobre políticas públicas, desde una lógica académica y de investigación aplicada, en la opinión pública. Mediante un riguroso proceso de selección, las páginas de Discusiones Públicas contienen artículos y ensayos publicados en los últimos meses en formato electrónico, a lo que se debe agregar la recension de obras importantes en la discusion de hoy.
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