En las
últimas semanas se ha reactivado el debate en torno al tamaño del Estado. Por un lado, y simplificando el
carácter de las visiones, existen propuestas que no solo critican la dimensión
actual, sino que también argumentan que este merece una reducción. Por el otro,
se defiende su actual envergadura y también la necesidad de ampliarlo. Sin
embargo, la necesidad de fondo radica en el maximizar su eficiencia y
protagonismo, y por sobre todo, en ampliar el impacto positivo de este sobre la
vida de los chilenos.
No está de más recordar que una de las tantas lecciones que
hemos aprendido de la última crisis financiera, es que el Estado es
imprescindible para corregir las imperfecciones del mercado, y lo hace muchas
veces por medio de la regulación, impuestos correctivos, subsidios o
gracias a políticas sociales, laborales, etc. Hoy más que nunca el
fortalecimiento del Estado merece atención.
Recuerdo que le hice estos comentarios a Mario Pezzini,
Director de Gobernanza Pública y Desarrollo Territorial de la OCDE, mientras
fue mi profesor en Paris. En ese tiempo, la crisis financiera estaba en
pañales. Pero durante los meses siguientes crecería y comenzaría a desplomar
los mercados del mundo causando la seguidilla de consecuencias que todos hemos
visto. En esa conversación, concordamos en que no nos enfrentábamos a una
crisis cualquiera, sino que a un fenómeno que generaría un periodo durante el
cual el Estado recobraría su rol e influencia. Una de las tantas externalidades
positivas de esta crisis. Así fue.
Nuestro Estado actúa principalmente por medio de las
burocracias. Estas son las organizaciones de servidores públicos que acarrean y
ejecutan los servicios de responsabilidad de nuestros ministerios. Es aquí
donde radica un problema fundamental: Los servidores públicos están hoy más
preocupados de su sobrevivencia y crecimiento, que de su eficiencia. Esto
resulta en una mediocre provisión de servicios.
La relación política-burocracia es umbilical. Las
organizaciones, o más bien cúpulas políticas, han nutrido, dictado órdenes y
esculpido lo que son nuestras burocracias. En otras palabras, no hemos sido
capaces de diferenciar entre la política y el servicio público.
Las consecuencias son graves. Hoy las burocracias se nutren
de las bolsas de trabajo dictatoriales que son los partidos políticos, y por
ende, la conducción del Estado, en su nivel ejecutivo y más cercano a los
ciudadanos, al ser nutrida gracias a cuotas políticas y no a la meritocracia,
se pudre y transforma en no más que una extensión del poder que está reservado
para una pocas cúpulas que extienden sus tentáculos por las reparticiones
públicas. Parte importante del servicio público no pertenece a los mejor
calificados, sino que a los más apitutados. Entonces, la incapacidad no radica
en el no poder reclutar a los mejores, sino que en tener que dar espacio y
amparar a un gran número de sanguijuelas que en los últimos 20 años no han
podido destetarse del estado. Este escenario no deja espacio para la
meritocracia y resulta en bajos niveles de eficiencia: menos retorno (e
impacto) por peso.
Además, existe otra arista no menor. La arcaica herencia
estructural centralizada con la que se administra el país coarta la posibilidad
de tener más desarrollo, dinamismo, equidad y competitividad. El Estado
requiere una descentralización agresiva, entregando poder a gobiernos locales,
facilitando prácticas democráticas como la elección de Intendentes y
Consejeros, y delegando responsabilidades a niveles administrativos más cercanos
a la gente. Contracción del Estado centralista y delegación a las regiones para
que estas actúen con autonomía y se autogobiernen.
La realidad es que el tamaño del estado no es lo que está en
cuestión. Lo que importa es la eficiencia. Eficiencia de redistribuir, de
proteger y por sobre todo de maximizar recursos a costa de una mejora en la
manera que los chilenos enfrentan el presente y el futuro. Para esto se
requieren compromisos claros de cómo vamos a impulsar reformas de fondo. Lo que
importa es que tanto el futuro presidente de Chile como las fuerzas que
intentan seguir gobernando el país se enfoquen, de partida, en cambiar el rumbo
del debate y en dar soluciones que incentiven mayores niveles de eficiencia. Hasta
el momento y con este enfoque minimalista, todos se han quedado cortos en un
debate que merece mayor atención. Al final del día, el tamaño no es lo que está
en cuestión.
El autor es
Director y Co-fundador de Asuntos del Sur, una organización de análisis de
políticas públicas para Latinoamérica basada en Paris, Francia. Eduardo es
politólogo de la University of Portland, posee M.A.de la California State
University Long Beach y actualmente es beneficiario de la Beca de Excelencia
Eiffel con la cual se encuentra finalizando el Master of Public Affairs en el
Instituto de Estudios Políticos de Paris (Sciences Po).
Comenzamos el año 2012 con un nuevo ejemplar de nuestra revista Discusiones Públicas. La cual es una publicación que busca colocar temas de contingencia sobre políticas públicas, desde una lógica académica y de investigación aplicada, en la opinión pública. Mediante un riguroso proceso de selección, las páginas de Discusiones Públicas contienen artículos y ensayos publicados en los últimos meses en formato electrónico, así como también un dossier especial sobre becas de formación de postgrado en el extranjero.
A partir de este número la revista pasa de ser anual a semestral. Reiteramos la invitación que hemos hecho a toda la comunidad científica a que sigan enviándonos sus trabajos.
Discusiones Públicas, es una revista semestral que busca colocar temas de contingencia, desde una lógica académica y de investigación aplicada, en la opinión pública. Mediante un riguroso proceso de selección de artículos y ensayos.
Nace en Ignire, Centro de estudios dedicado a la acción del Estado, en su concepción más amplia, desarrollando estudios e investigaciones tendientes al enriquecimiento de la discusión en el proceso de toma de decisiones de políticas públicas, siendo un espacio de reflexión y aplicación de sus investigaciones. Ignire aspira a desarrollar lineamentos de políticas públicas que sean socialmente más justos, orientados hacia una sociedad globalizada, que demanda de sus gobernantes procesos de toma de decisiones que consideren los contextos sociales particulares de nuestros tiempos y que establezcan un compromiso social hacia el desarrollo de políticas públicas más justas.
En ese sentido, la Revista Discusiones Públicas, tiene una clara visión transdisciplinaria, abordando temas desde ópticas diferentes, buscando diagnósticos y propuestas cada vez más integradas. Discusiones Públicas, apunta a la publicación de trabajos inéditos de investigación aplicada y discusión jurídica sobre políticas públicas. Su objetivo es crear discusión sobre las políticas públicas, implementadas o por implementar, sus posibles efectos y como estos influyen en el desarrollo y bienestar del país, teniendo en cuenta los aspectos constitutivos de la discusión jurídica sobre ellas.
Con mucho orgullo les queremos comunicar que hemos publicado el segundo número de nuestra revista anual Discusiones Públicas. La cual es una publicación que busca colocar temas de contingencia sobre políticas públicas, desde una lógica académica y de investigación aplicada, en la opinión pública. Mediante un riguroso proceso de selección, las páginas de Discusiones Públicas contienen artículos y ensayos publicados en los últimos meses en formato electrónico, a lo que se debe agregar la recension de obras importantes en la discusion de hoy.
Te invitamos a navegar por nuestro sitio web a descubrir nuestras próximas publicaciones, a enviarnos tu opinión y a registrarte como usuario para recibir noticias nuestras.
Nuestro centro de estudios se encuentra en estos momentos preparando la edición de sus trabajos.